La educación es lo único que hace a una persona noble, independientemente de su estirpe, de su estatus social o económico. Sin embargo, no me refiero aquí a lo que hoy se entiende por educación, a saber: formación profesional, adiestramiento, adquisición de habilidades, entrenamiento en una disciplina científica, etcétera... Y es que todo ello no es más que algo accesorio, no brinda otra cosa que utensilios en manos de alguien que, para saber utilizarlos conforme a un fin valioso tendría que tener un carácter. Este se obtiene solamente a través de una auténtica educación. Me parece que Montaigne señala un punto medular de esta educación cuando escribe: "Así como el enemigo se vuelve más hostil con nuestra huida, así se ensoberbece el dolor viéndonos temblar bajo su poder. Se hará mucho más llevadero para aquel que le haga frente. Es menester oponerse a él y endurecerse. Retrocediendo y permitiendo que nos acorrale, llamamos y atraemos hacia nosotros la ruina que nos amenaza. Al igual que el cuerpo se hace más resistente a la carga poniéndolo rígido, así también es el alma"*.
* Montaigne, M. de, Ensayos completos, cap. XIV (Cátedra, 2008).