viernes, 5 de agosto de 2011
"Estancias", de Martin Heidegger: Pre-textos 2008
En su primer viaje a Grecia, Heidegger vislumbró (experimentó), no solamente lo que él ubica en el centro de la experiencia griega que abre a su vez la posibilidad del mundo occidental - a saber, "la unicidad de desocultamiento (desescondimiento) y ocultamiento (escondimiento)" (p. 36) -, sino también el enorme abismo que separa al mundo y al hombre modernos de ese origen suyo. Lo señala, refiriéndose en primera instancia a aquellos griegos, al decir que "sabían celebrar lo grande y reconocer lo alto para fundar así un mundo", mientras que nosotros, "seres humanos de hoy, parecemos como expulsados de tal morada, perdidos en las cadenas de la planificación calculadora". Y agrega a continuación que ni siquiera ese pueblo "alegre y tranquilo" por el que atravesaban él y sus acompañantes, "consiguió ahuyentar completamente estos sombríos pensamientos, que se imponían ante el reconocimiento de la creciente desolación de la existencia moderna" (p. 44). Heidegger logró su estancia en la Grecia originaria, pisando el mismo suelo, sólo alejándose del mundo moderno (de los ruidosos turistas, de los "hoteles americanos", de las "construcciones nuevas de mal gusto", etc.), de este mundo en el que al parecer realmente nadie está, en el que no es posible habitar ni encontrarse, menos aún escuchar el silencio al que Heidegger quería atender, y aquí parafraseo: el de los dioses que han huido, y al hacerlo han dejado en la desolación la morada de los hombres, en el vacío a sus obras, y en pura vanidad sus actos (p. 13).